El año pasado, en junio de 2025, la noticia cayó como un baldazo de agua fría en la mesa de los catrielenses. La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) confirmó que realizaría estudios a unos 30 kilómetros al noroeste de Catriel, en el área petrolera de Tres Nidos, para determinar reservas de uranio.
El proyecto, que tomó forma a partir de anomalías detectadas en la Cuenca Neuquina y en registros petroleros del norte rionegrino, no era nuevo en los papeles. De hecho, se remontaba a 2009, cuando la CNEA solicitó cinco permisos de exploración que derivaron en la Manifestación de Descubrimiento “Mari” y el cateo “Eugenio II”. Las autoridades provinciales de entonces lo presentaron como una de las 54 iniciativas mineras con “potencialidad por descubrir” en Río Negro.
El plan era concreto: ejecutar ocho perforaciones testigo con un total de 1.500 metros durante el segundo semestre de 2025 para definir la viabilidad técnica. Incluso se realizaron reuniones con superficiarios del área de influencia.
Hoy, a abril de 2026, el interrogante flota en el aire patagónico. Con los cambios en la Ley de Glaciares, ¿qué destino tendrá este proyecto? La memoria local es larga: en la gestión anterior de Juntos Somos Río Negro ya se intentó instalar un basurero petrolero a cielo abierto, una idea que la comunidad rechazó de plano. Ahora, con un posible yacimiento de uranio en el horizonte, la pregunta se vuelve más cruda: ¿la provincia nos ayuda o, una vez más, nos tiran la basura?
Redacción El Rebrote




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