El gobierno de Río Negro confirmó la acreditación de recursos extraordinarios correspondientes a la primera cuota del bono por el proyecto Vaca Muerta Sur. Este ingreso, producto de las negociaciones por el oleoducto que atravesará la provincia, representa una inyección financiera clave que, según se anunció, será distribuida entre distintos municipios para obras y saneamiento de sus economías.
El plan de reparto provincial, sin embargo, encendió las alarmas en Catriel. Pese a ser un pilar en la producción de hidrocarburos de Río Negro, la ciudad no figuraría en la lista de beneficiarios directos de estos fondos. Esta situación resulta paradójica para una comunidad cuyo principal motor económico es, precisamente, la actividad que genera esta riqueza.
En las calles de Catriel, la pregunta resuena con fuerza y preocupación. El sentimiento de olvido se mezcla con la sospecha de una posible manipulación política. Vecinos y referentes locales argumentan que la falta de trabajo, agravada por lo que consideran negociaciones provinciales poco favorables para la zona, hace que esta exclusión sea aún más dolorosa para los bolsillos catrielenses.
La controversia pone la atención sobre el gobernador Alberto Weretilneck, de quien se espera una aclaración pública. La comunidad busca entender los criterios detrás del reparto y por qué una ciudad que aporta de manera tan significativa a los ingresos provinciales no fue incluida en esta distribución de recursos extraordinarios.
Este debate financiero y político resuena en toda la región. La decisión sobre los fondos del bono VMOS no es solo un asunto administrativo, sino un reflejo de las tensiones y equilibrios de poder en el norte de la Patagonia, donde el desarrollo de las ciudades del Alto Valle depende directamente de una distribución de recursos que se perciba como justa y equitativa.
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